Desde el 16 de Abril de 2012, han pasado ya 50 meses sin aparecer por este blog... Ahora en 2016, me encuentro a muchos kilómetros de París, exactamente a 1.815km según google. En estos años, han pasado muchas cosas, unas muy buenas y otras muy malas, pero así es el camino de la vida, a veces nos inundan momentos únicos, perfectos y felices y a veces momentos que no lo son tanto.
Hace unas semanas terminando de trabajar en mi último trabajo, utilizando mi olvidada cuenta de Gmail, descubrí que este blog, aún sin movimiento ninguno de publicaciones, seguía teniendo bastantes visitas. ¡Me emocioné! Hace ya tiempo que no paseaba por aquí porque aunque están escritas las aventuras de una de las etapas más felices de mi vida, nunca me había sentido con fuerzas de volver a leerlas. Esa etapa abrió otra no tan buena y quizá por eso me daba miedo volver a leer mis andaduras.
Pero lo cierto es que, aunque no he leído todo, porque engañaría si dijese que lo he hecho, se me inundan los ojos de lágrimas al recordar cada uno de estos momentos: los viajes europeos que me marqué con mis compañeros, las risas, el frío que pasé, las fiestas, los momentos únicos hablando otros idiomas y pareciendo que hablaba chino, las horas por Skype con las personas que me esperaban a mi regreso a España... fueron 10 meses espectaculares, sufridos, reídos, aprovechados... pero espectaculares.
Y hoy sentada en el sofá de mi nuevo hogar, reflexiono y pienso, "¡Cómo ha pasado el tiempo!" En estos años: ¡he aprendido tantas cosas! cuando pensaba que lo que más me había enseñado era vivir en el extranjero, he aprendido a sonreír ante la adversidad, a que no se me derrumbe tan fácil con tonterías, he aprendido que después de toda tempestad llega la calma, que trabajar es muy difícil, que nos hacemos mayores sin darnos cuenta, que me he hecho una mujer porque la vida así lo ha querido y que aunque ha habido personas que no me han acompañado en estos años porque esto es así, yo sigo día a día luchando y haciendo camino por ellos.
También he aprendido a amar, a querer a una persona incondicionalmente porque nunca me ha dejado caer y porque desde que llegó... he sido la persona más feliz del mundo, cuando en mi vida había baches. Y a valorar a los míos mucho más de lo que antes lo hacía. Hoy daría todo lo que tengo y lo que soy por protegerlos.
La vida, a todos nos pone obstáculos, el que diga que no, miente, pero de cada uno de nosotros depende si los saltas, los afrontas, o los rodeas. Hay que mirar al pasado y aprender de lo vivido, quedarnos con lo positivo, con todas esas risas, esos guiños que un día lanzamos al aire y que hoy sirven de pilares para seguir adelante. En el camino se queda gente, unos por que lo decidimos nosotros y otros porque así es.
Pero en este camino, el mío, en el que cuento con una familia maravillosa, una persona que me cuida, una perra que me mima, unos amigos que son geniales y estando a 1.815km de París sólo me queda decir: Gracias a la vida por dejarme seguir caminando, mirando al presente y pensando que este es sólo el comienzo de la reanudación de este Blog, que viene cargado de nuevas aventuras.
A 1.815km de París, gracias por seguir ahí.